En este cuento no hay plan perfecto. Para esta aventura nos montaremos en mi ruta favorita de bus (di el nombre de la tuya). Te digo de entrada que eso es un error logístico, porque imaginarías una ruta lenta, eterna y con tráfico. Pero es mi excusa ideal para fingir demencia frente a lo urgente y vitrinear la ciudad. Veo a Medellín: ruido, vendedores, humo y un desfile de gente. ¡Qué maravilla!
Empiezo cada proyecto como esta historia: despistada. No sé las paradas que haremos, qué personajes se subirán, si nos alcanzan las monedas o si tocará rogarle al conductor para entrar por la puerta de atrás o trepar el torniquete. Pero al final, tú y yo nos vamos encantados. Porque entre tanto frenazo incierto, nacen los mejores momentos. Porque habitar la ciudad y perderse en ella es la mayor inspiración para la creación.

